
Probablemente, alguno de los habituales internautas haya escuchado hablar, siquiera alguna vez, de una singular intérprete norteamericana, nacida en los USA, llamada Lena Horne. Vayan pues estas líneas, no sólo para informar a aquellos que conocían o no de su existencia, sino para despejar las posibles dudas que hubiera sobre la inmensa calidad de esta cantante (y actriz de cine en ocasiones), cuyo primer trabajo fue el de entretener a los borrachines asiduos de un típico night club, interpretando todo tipo de canciones imaginables en el extenso campo del swing, el jazz y el blues, las habituales para una voz como la suya, una muchacha de raza negra, aunque en muchas ocasiones pasara por mulata. Una joven inmersa en la profesión de vocalista de turno durante la década de los difíciles años treinta, que llegó a ser una de las favoritas del público… hasta que se declaró luchadora por los derechos de los suyos, militando en grupos de la izquierda, cuando la caza y captura de brujas era pan de cada día, no sólo en el Hollywood de Humphrey Bogart y Burl Yves (comprometidos como ella), sino en el de Frank Sinatra y Louis Armstrong (todo lo contrario).
Desde aquella época, hasta bien entrados los años ochenta, Lena Horne mantuvo una carrera más que digna y plausible, eso sí, a trancas y barrancas, sometida a todo tipo de prohibiciones, Entre 1938 y 1978 apareció en la gran pantalla en dieciséis producciones, siendo galardonada con algunos Grammys y un Premio Especial a toda su vida (Lifetime Achievement Award) en 1989, amén de resistir un año entero en Broadway con su espectáculo The Lady and Her Music, y ser invitada a puntuales espacios de radio televisión, en los que los productores y conductores no practicaban la censura artística, que eran más bien contados con los dedos de la mano. A comienzos de los años treinta, Lena ingresaba como corista en el archiconocido Cotton Club, donde los negros podían cantar pero no ser clientes. Faltaría más.
Desde entonces, la adorable Miss Horne, que a veces pudo pasar por latinoamericana dada a la suavidad de los rasgos en su rostro, radicalizó su lucha por los derechos civiles, mucho antes de que Martin Luther King Jr. hiciera acto de presencia en la vida social y política. Gracias a su esfuerzo, ‘algunos cabarets y bares del país flexibilizaron sus exigencias racistas, permitiendo el acceso de personas de la comunidad negra e hispana. Su sentido de la justicia le trajo todo tipo de problemas profesionales, pero al que no renunció, por muy arduo que le resultara conseguir subirse a un escenario, grabar un disco o aparecer en los programas más populares de la televisión.
Helena Mary Calhoun Horne nació el 30 de Junio de 1917, en la ciudad de New York, en el barrio de Brooklyn, hija de un matrimonio mixto entre una madre de origen africano y un padre de sangre caucásica, aunque perteneciente a una familia de la clase media, y educado en un colegio en el que el nivel intelectual de los profesores era alto. En ese ambiente, Lena escuchaba hablar a sus abuelos de la Asociación para el Desarrollo de la Gente de Color (NAACP), fundada en 1909, que la futura cantante reorganizó años más tarde, animando a los jóvenes para que se inscribieran. Muy niña, tras la separación de sus padres, se traslada a Seattle, luego a Pittsburgh, hasta que en 1929 decide irse a vivir a la casa de sus abuelos en su Brooklyn natal, donde permaneció hasta 1932.
Esa época de la Gran Depresión no fue obstáculo para una luchadora como Lena, que a los 15 años lograba entrar en el Cotton Club, por la puerta de atrás, para formar parte del coro. Pronto atrajo la atención de los cazatalentos, sustituyendo a la solista en la obra “As Long As I Live”, hasta que tras varias giras junto a Claude Hopkins y su Orquesta, en 1936, debuta ya como figura de primer orden en el escenario que tantas veces pisó como corista al lado del músico Nobble Sissle, con quien logra también grabar su primer disco "That's What Love Did to Me" y "I Take to You", para la compañía Decca. Se casa, tiene su primera hija, le llueven los contratos teatrales, cinematográficos y musicales, y en fin, vive sus años más felices desde el punto de vista profesional y sentimental. Mas los tiempos de dicha son a veces prólogo de otros mucho más amargos, y en 1944, a pesar de sus discos con la RCA, proyectos de todo tipo, contratos en el Greenwich Village y jugosas ofertas profesionales, su matrimonio se va a pique, en plena II Guerra Mundial. Lena encuentra tiempo y dólares para ayudar económicamente a las organizaciones de defensa de los derechos civiles, gracias a su éxito como intérprete al lado de personalidades como Artie Shaw, Teddy Wilson o W.C. Handy.
El éxito que obtuvo con su memorable versión de los clásicos “Stormy Weather” y “The Man I Love”, la catapultaron a la productora Metro Goldwyn Mayer, con la que hizo catorce filmes. Hollywood se rendía ante la belleza y la voz de Lena, que sigue en primera fila con éxitos como “Paper Doll”, “Love” o “As Long As I Live”, actuando en los frentes donde combatían las tropas norteamericanas, pero eligiendo los lugares en los que hubiera más soldados negros e hispanos. En 1947, cuando la guerra ya había tocado a su fin, hace el papel más importante de su vida en el film musical “Show Boat”, encarnado a Julie La Verne, una muchacha de color que se hace pasar por blanca. El éxito de dos de las canciones de la película, “Can’t Help Lovin’ That Man” y “Bill”, confirman su calidad definitivamente.
A partir de entonces viaja con a Paris, Londres, Roma, se enamora de un músico blanco, pero no pueden casarse en California, donde los matrimonios mixtos estaban prohibidos. Lo hacen en París, en secreto, mientras prepara otras dos delicias: “Where or When” y “The Lady Is a Tramp”, pero meses después la prensa yanqui revela su enlace y entra a formar parte de las Black Lists (un sarcasmo bastante torpe), en las que figuraban centenares de ciudadanos, sospechosos de actividades antinorteamericanas.
A partir de entonces, su nombre fue tachado de todos los proyectos importantes, su voz silenciada en la TV y la Radio, haciendo que Lena se refugiase en Europa, donde se ve precisada a reiniciar su carrera, aunque regresaba muy de tarde en tarde a EEUU, para atender a los poquísimos proyectos que sus amigos conseguían para ella. En 1957 se publica, casi de forma clandestina, su LP “Lena Horne at The Waldford Astoria”, registrado en vivo, que se convierte en el disco más vendido por una mujer, hasta aquel año, en el sello RCA. La presión del público logra que Lena siga editando más álbumes de éxito y calidad indiscutibles: “Stormy Weather”, “Give The Lady What She Wants”, y “Porgy and Bess”, este último junto a Harry Belafonte,
A comienzos de los sesenta se le otorga el Grammy a la Mejor Solista Femenina, galardón que volvería a obtener en el 62, año en que se ve abandonada por la RCA (presiones externas, naturalmente), firmando con el sello Charter Records. Su compromiso no decae, apareciendo en mítines y manifestaciones diversas junto a los líderes de los derechos civiles Medgar Evers o el ya nombrado Martin Luther King Jr., ambos asesinados con pocos años de diferencia. Lena Comienza a colaborar en la prensa alternativa con artículos como "I Just Want to Be Myself ", un estremecedor relato que animó a decenas de periodistas honrados a plantar cara al sistema, e imbricarse en la lucha política por la defensa de las comunidades negras e hispanas.
Es en esa época en la que el genial cineasta cubano Santiago Álvarez edita su documental “LBJ”, utilizando la memorable versión del tema judío “Hava Naguila”, que había grabado Lena meses antes. Sin otro guión que un maravilloso montaje fotográfico y la música elegida, el maestro Álvarez demuestra con impresionantes fotogramas que los hermanos Bob y John Kennedy, y Martin Luther King Jr., fueron asesinados por orden de la CIA, con la complicidad del vicepresidente (y luego primer mandatario, tras el magnicidio de John Fitzgerald Kennedy) Lyndon Barry Johnson. Unos cuantos años más tarde, el hoy consagrado realizador Oliver Stone, que había elogiado sin reservas el cortometraje de Álvarez, visitó en la Habana al cineasta cubano, anunciándole el inicio del rodaje del filme “JFK”, en la que el autor de películas como “Comandante” asume plenamente las tesis que se desprendían del corto “LBJ”.
Durante la invasión en Vietnam, Lena se unió a los movimientos pacifistas, grabando temas de Bob Dylan, Joan Baez y Cisco Houston, resistiendo el embate formidable de las hordas de la llamada British Invasion (Beatles, Rolling, Animals, Kinks), gracias a su calidad indiscutible, similar a la de la inolvidable Nina Simone. Es así como ficha para la United Artists, registrando una serie de álbumes (“Lena in Hollywood”, “Lena Soul”, “Merry from Lena”), en los que recoge canciones que aún hoy resultan sorprendentes. Las simpatías que despierta entre las jóvenes generaciones, obliga a que algunos empresarios le ofrezcan nuevos contratos (primero dinero, luego ideología), y así aparece en la película “Death of a Gunfighter”, en la que además interpreta el tema central de la banda sonora; actúa en Las Vegas con Harry Belafonte, graba con el guitarrista Gabor Szabo (“Lena y Gabor”), declarando en cierta ocasión que ella no se consideraba una cantante de jazz, sino de “temas de espíritu eterno”, lo que ratifica en 1971 editando un LP inolvidable, “Nature’s Baby”, que contiene versiones magníficas de éxitos de Leon Russell, Elton John y Paul Mac Cartney.
Todo ello coincide con un período dolorosísimo en el que Lena sufre, con meses de intervalo, las muertes de su padre y su marido, Lennie Layton, lo que le sume en una gran depresión, de la que no se libera hasta que su colega Tony Bennett le ofrece hacer una gira europea para cantar a dúo, espectáculo incomparable que dura hasta 1976, año en el que la Horne graba un disco junto al pianista francés Michel Legrand, a lo que siguen diversas actuaciones junto al genial Count Basie y su Orquesta, recibiendo además la alegría de ver cómo su hija Gail se une en matrimonio con el reputado director de cine Sydney Lumet, que entonces preparaba la versión “negra” de “El Mago de OZ”, aunque en versión teatral. Pero Lena está ya agotada y a comienzos de 1980 anuncia su retirada definitiva, cuando sólo tiene 63 años. Mas, repentinamente, tras recibir una oferta para estrenar en Holanda el musical autobiográfico “The Lady And Her Music”, regresa al escenario hasta finales del 81, obteniendo un éxito indiscutible en su retorno europeo, que le vale otro Grammy por la mejor actuación en un show musical.
El triunfo borra las decisiones precipitadas. Lena realiza una extensa gira por Gran Bretaña y recibe un galardón inesperado: el premio a toda una vida, otorgado por el Kennedy Memorial Center, que igualmente reconoce así la inmensa labor de la cantante en favor de los derechos de las comunidades más discriminadas. En 1987 registra su primer CD “The Men In My Life”, con temas inscritos en el más puro estilo jazzístico. Nuevo Grammy en 1989 y nuevo anuncio de retirada definitiva de los escenarios, que rompe, sólo por una vez, al actuar en un homenaje (JVC Jazz Festival en New York) a su amigo Billy Strayhorn, que formó parte del clan de Duke Ellington. Ese concierto fue posteriormente inmortalizado en el CD “We’ll Be Together Again”, con el que vuelve a obtener el Grammy a la Mejor Vocalista de Jazz. Y eso que ella no se consideraba como tal… Un año más tarde graba un nuevo CD “Being Myself” para el sello Blue Note, que se sitúa entre los discos más vendidos del año.
Y aún sigue colaborando en proyectos, aunque no propios o exclusivos. A sus casi 90 años, con más de sesenta de actividad profesional, Lena Horne jamás fue promocionada en España, con las solas excepciones de mis colegas y amigos Paco Montes y Juan Claudio Cifuentes, cuya honradez profesional y buen gusto no se detuvieron jamás ante las descalificaciones políticas.
Es hora de que los melómanos se revuelvan contra la injusticia que significa el casi anonimato de esta formidable intérprete. Gozad de las versiones de Lena. Esta antología, copiada, original, con portada o sin ella, comprada en la tienda o bajada de la red, podrá haceros disfrutar de una de las voces más exquisitas que hayáis escuchado nunca. Palabra de honor.